13a. Una Semana en Paris (A Week in Paris)

November 1, 2020

In this episode, Agustin from Argentina shares a story about his first trip to Paris, completely by himself.

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[00:55] Bienvenidos al episodio de hoy “Una semana en París”.

[00:59] Mi nombre es Agustín. Estaré aplicando el español latinoamericano, específicamente el proveniente de Argentina.

[01:09] En este episodio estaré hablando acerca de mi visita a la hermosa ciudad de París y de mi experiencia de estar viajando solo por primera vez en mi vida.

[01:22] Vamos a empezar.

[01:24] Era la primera vez que viajaba solo, la primera vez que iba a cruzar un gran océano y visitar otro continente, y la primera vez que iba a subirme a un avión. Por supuesto que no podía evitar estar extremadamente ansioso y nervioso por la situación.

[01:47] A las 15:45 horas de la tarde salía el avión del aeropuerto de Ezeiza. Unas horas antes, en el almuerzo de despedida que tuvimos con mis papás y mi abuelo en casa, logré comer apenas algún que otro bocado de la comida preparada. Mi mamá no podía parar de hablarme sobre los cuidados y consideraciones a tener durante el viaje, y yo no lograba prestar atención a todo lo que ella me decía porque mi cabeza estaba en muchos lugares al mismo tiempo.

[02:24] El viaje incluía tres destinos – París, Italia y España. La mayor parte del viaje transcurriría en Italia, donde estaría atendiendo a un curso de idioma en una escuela de una pequeña región al este del país. Pero el viaje comenzaba primero con una semana en París para entrar en calor.

[02:48] De todo lo empacado en mi mochila el ítem de mayor valor para mí era un libro “Adiós a las Armas” de Hemingway. En el último año y medio de mi vida me había convertido en un gran admirador de sus textos, en especial de aquellos donde sitúa a sus personajes en el París de los años veinte.

[03:12] Me era imposible no viajar con una imagen prearmada de esa ciudad, representada en mi corazón como un lugar mágico. Sentía que el famoso autor me acompañaba y que le daba el carácter de grandeza al viaje que emprendería.

[03:28] Me despedí de mis papás en el aeropuerto para continuar el proceso y realizar el embarque. A partir de ese momento estaba solo. Nada me era muy claro en esa instancia, pero el instinto ya empezaba a trabajar conmigo y lo iba a seguir haciendo durante toda la aventura.

[03:50] Tampoco entendía muy bien por qué estaba en esa situación. Una parte de mí sentía que la decisión de viajar había sido mayormente articulada por mi papá más que por una decisión personal.

[04:04] En fin, el viaje en avión corrió bien y mis miedos de sufrir un ataque de pánico en el aire o algo parecido por suerte nunca llegaron.

[04:15] En algún momento del viaje escuché a la azafata ofrecer bebidas a los pasajeros. Entre algunas opciones estaba la de un pequeño licor y opté por esa. Hasta entonces no había tenido muchas experiencias con la bebida y la decisión de elegir el licor no tenía mucho sentido, pero me resultaba divertido. Creo que ya me estaba sintiendo libre.

[04:42] El viaje duró unas catorce horas y en ningún momento utilicé el baño. Las filas en el avión estaban constituidas de tres asientos cada una y yo tenía mi lugar en la ventana, y me daba una vergüenza paralizante el pensar en molestar a las dos personas a mi lado para poder salir, por lo que entonces contuve mis ganas hasta el final del viaje.

[05:07] En la etapa de migraciones del aeropuerto de París se acercó un muchacho de unos treinta y tantos años a hablarme, primero en francés, pero rápidamente cambiando al idioma español al ver mi cara que demostraba no estar comprendiendo nada de lo que me decía. Su nombre era Nicolás y parecía ser una persona “de bien”, como se acostumbra llamar en Argentina a alguien que parece tener buenas intenciones. Rápidamente nos hicimos amigos y realizamos todo el recorrido restante del aeropuerto juntos.

[05:46] Después me invitó a almorzar en un restaurante que él conocía y le gustaba, pero le aclaré que mi primer misión llegado a la ciudad era dejar mis cosas en la habitación ya reservada del hostel, así que quedamos en encontrarnos dos horas después en el restaurante.

[06:05] No puedo entender cómo logré reencontrarme con él, porque en ningún momento tomé nota sobre un papel o sobre un mapa de las instrucciones que él me había dado para llegar al punto de encuentro. En la vorágine de la llegada guardé en mi mente todas las direcciones que él me había dado y eso fue lo único que usé para realizar las combinaciones correctas de transportes y calles y lograr llegar. Otra vez me daba cuenta que la intuición era mi principal aliada.

[06:38] En ese almuerzo, Nicolás intentó llamar mi atención pidiendo una carne típica del país, supuestamente muy sabrosa. No me sentía en ninguna forma cómodo con opinar algo contrario y correr el riesgo de herir sus sentimientos, así que terminé mintiendo diciéndole que estaba deliciosa, cuando en verdad no me había gustado en absoluto.

[07:02] A pesar de la comida me hacía sentir muy bien haber encontrado a alguien con quien hablar. Para mi sorpresa, antes de lo que habría esperado ya tenía una cara parisina que lograría reconocer dentro de cualquier multitud. Sin embargo el resto de mi semana en la ciudad no me volvería a encontrar con Nicolás, salvo en mi último día, dado que en ese entonces él se encontraba muy ocupado realizando la etapa final de su tesis universitaria.

[07:37] Era 30 de diciembre del 2013; mi segundo día en París. Recorrí la ciudad a pie alrededor de cuatro horas sin parar en ningún momento. No tuve ninguna interacción con personas en la calle y tampoco me animaba a ingresar a comer en ningún lugar. Me costaba sentirme cómodo estando en esta otra tierra donde se hablaba un idioma muy distinto al mío.

[08:03] Pero de vuelta en el hostel esa tarde comenzaron a aparecer algunos personajes interesantes que sin duda me dieron ánimo para avanzar en la aventura.

[08:14] En ocasión de salir de mi habitación y dirigirme a la planta baja para tomar una merienda me crucé en el pasillo con un joven de mi edad. Nos saludamos con una pequeña sonrisa, como se acostumbra a hacer entre los huéspedes, y de alguna forma extraña ambos nos dimos cuenta que éramos argentinos. Inmediatamente nos dimos un abrazo.

[08:37] Algunas veces más me volvió a suceder esto durante mi estadía en el hostel. Descubrí que éramos varios los que veníamos del mismo lugar y se formó un grupo muy lindo. Cuando empecé a conocer otras personas fue que me sentí un poco más relajado.

[08:54] Al día siguiente, víspera del Año Nuevo, me sumé a este grupo de argentinos que habían decidido ir a visitar Versalles. Tomamos el tren muy temprano y durante el viaje nos empezamos a conocer un poco más.

[09:09] El grupo estaba conformado por cuatro hombres, contándome a mí, y tres mujeres. Una de ellas me gustó mucho, pero desde el comienzo me sentí desilusionado ya que veía una gran atracción entre ella y otro de los chicos que formaban el grupo. Así que con un poco de dolor me percaté que no lograría nada y decidí que lo mejor sería olvidarme del asunto lo más rápido posible y continuar disfrutando. Debo admitir que mi carácter obsesivo no me permitió soltar el tema tan fácilmente.

[09:48] Mis piernas terminaron muy cansadas de estar todo el día caminando en ese lugar gigante. Hermoso, por cierto, pero se sentía interminable considerando el palacio con todas sus habitaciones y la extensa área verde que lo rodea.

[10:06] Alrededor de las cinco de la tarde emprendimos la retirada para volver a París, merendar algo todos juntos y empezar a prepararnos para celebrar la llegada del Año Nuevo en la Torre Eiffel. Esa tarde Nicolás me envió un mensaje invitándome a una fiesta a la que él iría, pero me sentía un poco más cómodo festejando con las personas que había conocido en el hostel, así que decliné de la invitación e igualmente quedamos en vernos antes de que yo tuviese que partir para Italia.

[10:41] Al grupo que originalmente se había formado en el hostel se sumaron más personas. Éramos siete argentinos, dos chicas de Londres, una pareja americana y un chico colombiano.

[10:55] Después de comer todos juntos en la habitación de uno de mis compatriotas, que se había transformado en una especie de centro de preparación del evento, salimos todos del hostel para ir a tomar el metro que nos llevaría a la Torre Eiffel.

[11:11] Ya en el metro los cánticos y las risas habían comenzado. Por supuesto que no éramos los únicos con el espíritu festivo. La ciudad estaba llena de turistas listos para celebrar, por lo que la alegría se encontraba fácilmente en cualquier dirección donde miráramos.

[11:31] Volvía a percatarme de la sensación de libertad que estaba sintiendo. Me sentía en la cima del mundo. Pero aún así, una parte dentro mío continuaba cuestionándose por qué me encontraba en ese lugar y rodeado de esas personas.

[11:50] Todo fue muy bien esa noche exceptuando la noticia que nos había llegado de dos

[11:57] personas que habían sufrido el ataque de un grupo de jóvenes criminales que sin lugar a dudas querían aprovecharse de la ocasión.

[12:06] Los siguientes dos días no los compartí con las personas que conocía del hostel. Cada uno tenía sus planes armados. Algunos pronto estarían partiendo para nuevos destinos y otros se quedarían unos días más en la ciudad, pero tenían otras cosas que hacer.

[12:21] Yo estaba concentrado en mis intenciones de continuar recorriendo la ciudad y del enorme significado que estaba teniendo para mí hacerlo solo. Siempre me gustó caminar por mi cuenta con mi mochila y mis pensamientos, y ahora que ya habían transcurrido algunos días me sentía más cómodo con el lugar y con las diferencias culturales. Cada puente y cada calle me enseñaba algo nuevo de mí.

[12:49] Una tarde ingresé a un local que vendía muchas camperas. Después de unos diez minutos de recorrer la tienda terminé comprando una del tipo que usan los estudiantes universitarios americanos, que me había costado 140 euros.

[13:05] Ese mismo día me encontraba viajando en el metro vistiendo la campera y noté una mujer sentada enfrente mío que me miraba y se reía constante y silenciosamente. Al día siguiente esto mismo me sucedió por segunda vez con otra persona y comencé a pensar que la campera que había comprado quizá tendría algo extraño que estaba llamando la atención, pero nunca logré entender lo que sucedía. Terminé sintiéndome arrepentido del dinero gastado.

[13:40] Finalmente había llegado al fin del viaje y solo me había quedado una tarea pendiente – reencontrarme con Nicolás. Así que me puse en contacto con él y logramos combinar para vernos.

[13:55] Él me invitó a su casa, no muy lejos del restaurante donde nos habíamos encontrado el primer día de mi viaje. Su hogar era hermoso. Era un apartamento muy espacioso y luminoso.

[14:11] Pasamos la tarde charlando y conociéndonos más. Su español era muy bueno, y me contó que tenía muchos amigos en Argentina y que adoraba visitar mi país.

[14:23] Ya para ese entonces él sabía que yo era músico, así que en un momento se dirigió al piano que tenía en el área de su living y me exigió que cante algo. Elegimos una canción para tocar juntos y posiblemente grabar a modo de recuerdo de nuestro encuentro y nuestra reciente amistad.

[14:43] Terminamos grabando nuestra versión de Englishman in New York de Sting, solo que nosotros la terminamos llamando “Un Argentino en París”.

[14:53] Mi imagen de París de acuerdo a mi lectura de los libros de Hemingway se había cumplido, pero no de la manera que esperaba – tomando un café y escribiendo mis historias de la guerra un día lluvioso en un típico bar de la ciudad, sino simplemente caminando y conociendo, rodeado de esa arquitectura tan característica, pensando y soñando ideas, disfrutando de la vida que me estaba acercando personas y situaciones que yo ni siquiera había elegido conscientemente vivir.

[15:29] Cada momento del viaje me estaba desafiando a salir de mi zona de confort y utilizar mi mente de una forma nueva. Viajar solo trae una libertad única que comienza adentro, en el corazón.

[15:47] Eso es todo por hoy. Gracias por escuchar y nos vemos pronto!

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